Algunos insectos, como una variedad de langosta africana (Zonocerus variegatus) o la polilla cinabrio (Tyria jacobaeae), nativa de Europa y Asia, se alimentan de plantas tóxicas con el fin de protegerse de los depredadores. Un grupo de trabajo con participacion del Instituto Botánico de Kiel ha publicado las conclusiones sobre este fenómeno.

















